#JóvenesPolíticos “Un selfie al ombligo de twitter” por Víctor Camino

España es un país en el que la vida, para un notable grueso de la población, no podría entenderse hoy en día sin sus teléfonos inteligentes o Smartphones. Este hecho está ligado de manera directamente proporcional al uso de las redes sociales, ya son ocho de cada diez aquellos que las utilizan desde sus dispositivos móviles. Cada semana gran parte de los más de once millones de usuarios de twitter en nuestro país, se pasea por la plataforma azul para reforzar sus opiniones, baremar tendencias o medir su ingenio de líder en redes. A los diferentes tipos de perfiles les une la identificación de la red como un gran portal de noticias y actualidad, un lugar en el que el micrófono para alabar, criticar o emitir valoraciones respecto infinitas cuestiones es igual, en principio, para Jordi Évole como para tu vecino Paco.

La edad media del usuario de twitter se sitúa en 28 años, una vez sabido esto sería lógico estimar que, si solo twitter votara, saldría ganando lo que ese segmento poblacional querría que ganase. No sé si me explico. Si solo votasen todos mis followers (seguidores en twitter), estoy completamente seguro de que la derecha se quedaba muy lejos de la victoria. Carolina Bescansa, exsecretaria de Análisis Político en Podemos, lo aclara mejor haciendo gala de su ego sociológico: “Si solo votaran los menores de 45 años, Iglesias ya sería presidente”. Una declaración que autocondenaba a la formación morada a no conseguir jamás asaltar el cielo de la Moncloa, ya que España, con una media de edad de 44 años en la actualidad, será el cuarto país del mundo con la media de edad más alta en el 2030 según datos de la ONU. En resumen, cuando condicionamos nuestros juicios de valor o deseos políticos únicamente por lo que se mueve en twitter, estamos desechando la perspectiva de los más de 25 millones de españoles con derecho a voto que viven alejados del mundo 2.0. “¿Cómo puede continuar ganando Partido Popular? Este país es de locos” Se preguntaba un tuitero-adicto cuyo timeline, o muro donde aparecen los tuits de los 500 perfiles a los que sigue, es un hervidero de críticas, mofas y memes contra la formación que consiguió 7,9 millones de votos las pasadas elecciones. ¿Cómo es posible que alguien piense que su twitter es representativo de la población electoral de este país? Me pregunto yo.

Somos víctimas de una confusión, creemos que nuestro universo twitter es una especie de think thank con una capacidad indiscutible para predecir el futuro o relatarnos un pasado con escritores que no superan las tres décadas de edad. En la tarea de sobrevaloración a la “todología” de 140 caracteres, son cómplices, a parte de nosotros mismos, empresas, medios de comunicación, partidos políticos y demás personalidades con las que te pararías a hacerte un selfie. Está claro que es un caladero de talento, en lo que a ingenio y gracia se refiere, y un conciso escaparate que poco a poco se va asentando en nuestras vidas. Pero también sesga el debate y el análisis, colaborando a que el planteamiento, ejecución o implementación de una determinada actuación se vea emborronado por un GIF o un chiste. Subestimando el poder de las Administraciones Públicas y otorgándole una autoridad moral a un medio digital que en la mayoría de los casos simplemente te dice lo que quieres escuchar.

Estas semanas se está comentado principalmente por mis redes sociales, y subrayo lo de mías, el inminente proceso de primarias dentro del Partido Socialista. La twittermanía lleva haciéndome creer desde hace años que “el PSOE*, según parece, siempre se está acabando hoy mismo”. Esta frase, en la que he sustituido la palabra original “historia” por “PSOE”, aparece a consecuencia de una investigación psicológica en Harvard que demuestra la inestabilidad de los gustos y convicciones que siempre se suele negar. Al igual que tendemos a considerar que hasta aquí ha llegado la historia y que lo que sentimos hoy, también lo sentiremos inalterable y sin cambios mañana; sentenciamos así, con las gafas de twitter puestas y sin ganas de contraponer puntos de vista, muchos asuntos de la agenda política; cuestiones con una larga trayectoria, a las que les queda mucho camino por recorrer y cuya trascendencia la decide un gran trabajo colectivo detrás y no una frase del avispado Gabriel Rufián. Hechos son amores y no twitter, señores.

victor


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