Ser, estar y comunicar

A lo largo del Siglo XX, la política en los países occidentales parecía ser, exclusivamente, cosa de hombres. Para ser más precisos, cosa de hombres, blancos, católicos y con una edad relativamente avanzada,  ya que, parecía ser, que solo aquellas personas que cumplían estos requisitos estaban lo suficientemente capacitados para poder gobernar una institución.

Por suerte, una vez entramos en el siglo actual,  han empezado a romperse los estigmas que marcaban la cultura política de estos países y comenzamos a ver como las diferentes barreras discriminatorias se van rompiendo poco a poco dando paso a una mayor igualdad, aún insuficiente, dentro de las responsabilidades políticas e institucionales.

Probablemente, una de las primeras personas en romper esta barrera para las mujeres fue Margaret Thatcher y, el primero en romper los prejuicios hacia aquellos que no eran blancos fue Barack Obama. Dos rasgos de la naturaleza, dos formas de ser y de vivir, que han sufrido siglos de violencia física y simbólica. ¿Cómo superaron esa barrera estos dos líderes? Siendo fieles a sí mismos, a lo que son y a lo que representan como símbolos.

Seguro que a muchos de vosotros se os viene a la cabeza casos de cargos políticos que intentan vender y representar lo que no son. Participantes de la competición política, que intentan disimular sus principales características propias con el fin de asemejarse al viejo perfil político “ideal” perdiendo, sin darse cuenta, aquellas características que lo hacen diferente y que, probablemente, sean las claves de su éxito.

¿Por qué ocurre esta renuncia a las propias cualidades? ¿Cómo evitarlo?

En primer lugar es importante conocerse a sí mismo. Si no analizamos quienes somos y qué (o a quienes) queremos representar, lo más probable es que nuestra identidad se diluya tratando de abarcar todos los campos posibles y perdiendo aquello que nos caracteriza. Algo tan sencillo como la realización de un DAFO nos puede ser realmente útil para poder empezar a esbozar una estrategia comunicativa.

Una vez hemos realizado nuestro estudio personal, DAFO mediante, podemos ver nuestras Fortalezas y Oportunidades, por lo que, lo más seguro, veamos aquellas ventajas competitivas que nos diferencian del resto. Si ya desde el principio tenemos algo que nos aventaja del resto de nuestros competidores, ¿por qué no utilizarlo a nuestro favor ?

Si tenemos claro quién somos, dónde queremos llegar y a quién queremos representar solo nos queda ser coherentes en nuestros mensajes e ideas que transmitimos y representamos. Llegados a este momento, no valdrá de nada todo el trabajo previo realizado si a la hora de transmitir nuestros mensajes no representa aquello que hemos definido como una ventaja competitiva o no representa los valores intrínsecos a nuestra condición natural. En la comunicación, como en el marketing, la falta de coherencia es un error fatal.

En SPQ Consultores analizamos desde la estrategia, aquellos factores que distinguen a un candidato de otro, a una organización de las demás. Esos elementos propios son los que, bien gestionados, nos darán un posicionamiento diferenciado en un escenario político cambiante, heterogéneo y “líquido”, utilizando las ideas de Bauman. No basta con diferenciarnos, con esgrimir ese elemento que nos hace destacar, sino que también hay que proyectar qué podemos hacer con lo que somos. Renunciar a eso es un principio de fracaso.


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