#ColaboradoresSPQ “Una revisión crítica del modelo suizo” por Juan Carlos Calomarde

El país alpino seguramente sea el que más se acerque hoy al ideal de democracia, aunque no lo alcance completamente. En cualquier caso, un análisis del mismo debe abarcar sus dos entramados, es decir el que comprende sus instituciones más convencionales y el participativo.

Desgraciadamente en el plano institucional repite los errores del resto de países, como la nula división de poderes entre ejecutivo, legislativo y judicial. En Suiza el poder legislativo recae sobre la Asamblea federal que se compone a su vez de dos cámaras (el Consejo nacional y el Consejo de los estados). ¿Qué sucede? Que igual que en otros tantos sistemas parlamentarios, la Asamblea federal –legislativo– elegirá al Consejo Federal –ejecutivo–, y al Tribunal federal.

 

De acuerdo con lo dicho, el entramado institucional, al estar diseñado a imagen y semejanza del resto de sistemas representativos del entorno, no presenta diferencias significativas que indiquen que en estas instituciones el poder vaya a estar mejor repartido. Por el contrario, las cuatro instituciones principales de la antigua Atenas (magistraturas, Boulé, Ekklesía y dikasterios) se conformaban autónomamente, permitiendo además la participación de su ciudadanía[1], no solo de una élite. En cambio, en Suiza, como en otros países, el entramado institucional funciona al margen de la población.

 

No obstante, el entramado participativo compensa dicha situación, siempre y cuando se entienda que sigue siendo un sistema representativo con unos complementos que le dotan de un carácter más participativo que el resto de países. En virtud de ello, su mecanismo participativo más potente es el que permite a la ciudadanía modificar parte o la totalidad de la constitución. Sin embargo, ese proceso se encuentra tutelado por el Consejo federal, y las dos cámaras legislativas, quienes también participarán.

 

Ahora bien, los referéndums en Suiza presentan una particularidad muy destacable, y es que en el país alpino la convocatoria de los mismos no recae sobre el gobierno de turno. En vez de eso, existen una serie de materias que deben someterse obligatoriamente a consulta. Este aspecto disuade a los gobiernos de la práctica de convocar referéndums cuando se tiene ventaja para ganarlos, para después aprovechar este proceso como maquillaje democrático. Asimismo, en otros casos, un número mínimo de firmas pueden solicitar la celebración de referéndums sobre algunas leyes y tratados aprobados por las cámaras.

 

Por último, debe mencionarse que los cantones son la unidad sobre la que pivota el modelo suizo, tanto histórica como administrativamente. Este nivel alcanza mayores niveles de democracia, siendo comprensible que, tratándose de unidades más pequeñas, comprenda la celebración de las asambleas. Por esa razón, a Suiza se le conoce también como la «democracia de referéndum». Con todo, esta práctica no se ejerce a nivel federal, lo que frena el impulso democrático que ésta podría llegar a ofrecer. De modo que, aunque Suiza aventaje a otros países, no desarrolla, como en Atenas, aquella «vida democrática», construida día a día, que convirtió a la polis helena en esa referencia que Suiza no ha conseguido trasladar completamente hasta nuestros días.

[1] Aunque ésta fuera limitada desde el punto de vista actual.

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