Rankings, influencia y política online

Probablemente recuerden aquel capítulo de Los Simpson en el que Lisa pide de rodillas a su madre que le ponga nota, debido a la falta de clases por la huelga de profesores. «¡Califícame!», le pide a Marge, que le extiende un folio con una A, y calma el ansia de su hija durante un tiempo.

La necesidad de calificar y de ordenar es básica, pues nos permite clasificar y facilita la toma de decisiones. En el mundo de la política online ocurre otro tanto, pero en ocasiones jugamos con las cartas marcadas, con índices que no sirven exactamente para lo que pensamos.

Hace un tiempo, hablar del PageRank de una web era casi hablar de su calidad, de las dificultades de su posicionamiento, de la optimización necesaria para mejorar, dejando atrás la masa de webs con PR0 y PR1, peleando por despuntar utilizando palabras clave que nadie trabajaba, porque realmente nadie las buscaba.

En 2013, Matt Cutts ―¿un directivo de Google llevando camisetas de Firefox?―, confirmaba lo que llevaban años planteando en blogs y webs especializadas: el índice de Google PageRank no iba a actualizarse y pasaba oficialmente a no servir para nada. Atrás quedaban años de Black Hat SEO, luego penalizado, de granjas de enlaces, de compra de backlinks y de otro tipo de tretas para conseguir aparecer antes en las búsquedas de Google, para que finalmente el PR dejase de tener ninguna influencia. Pequeñas agencias de SEO, que se aferraban a indicadores como la subida en el PR o el volumen de visitas, se vieron obligadas a reestructurar la forma de ofrecer resultados a sus clientes, perdiendo algunos por el camino.

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Con el índice Klout de las redes sociales, ocurre otro tanto. Se trata de una calificación entre 0 y 100 que se da a los usuarios de una o varias redes, y se dice que mide la influencia —concepto fundamental—, basándose únicamente en variables cuantitativas. Crecimiento de usuarios, volumen de interacciones, cantidad de publicaciones en diferentes redes sociales y otras variables, son algunos de los indicadores que determinan la nota que esta empresa otorga a los usuarios. Creada en 2008, Klout actualmente pertenece a Lithium Technologies, que ofrece servicios Social Media y de analítica. Sin embargo, el factor cualitativo queda, como en tantas otras facetas de la comunicación, en un segundo plano. 

Cuando se analizan perfiles sociales, de clientes o de la competencia, deben tenerse en cuenta una serie de factores cuantitativos y cualitativos; existen proyectos muy desarrollados para el análisis automatizado de contenidos que buscan clasificar cualitativamente publicaciones en redes. Es decir, que se están desarrollando aplicaciones para que sean sistemas informáticos quienes clasifiquen los tuits de gente por su estado de ánimo, de forma masiva y mucho más rápida de lo que un humano haría a mano. Esta es una materia viva, donde la calificación de Klout, como ocurría con el PageRank, tiene una importancia relativa. De hecho, puede que cuando lean este artículo, Klout haya seguido la misma suerte que el índice de Google.

Medios y fines

Los medios tradicionales se fijan con frecuencia en los nuevos medios (New Media) como fuente de noticias. La compra de seguidores por parte del equipo de un político, por ejemplo, puede ser un tema de portada en medios digitales e incluso marcar la agenda del día, aunque una gran parte de la población no sepa qué es un retweet o si Pablo Iglesias tiene más seguidores que el presidente del Gobierno.

Contar con un PageRank elevado o una buena nota de Klout, puede ser irrelevante en cuanto a los objetivos, pero útil desde el marketing. Imaginen un artículo publicado en prensa o un reportaje en un informativo, donde se tome esta clasificación como buena sin ponerla en cuestión, y nuestro candidato aparezca el primero. «La candidata A es la más influyente en Internet»; puede que ni sea la más influyente ni mucho menos en todo Internet. De hecho, puede que su web ni siquiera esté optimizada para el SEO, como ocurrió con Pedro Sánchez al publicar su web en 2014. Pero el titular es claro, y tratar de contradecirlo, implica reforzarlo: «La candidata A es la más influyente en Internet». Su equipo ya lo habrá compartido en las redes, generando un engagement positivo para su visibilidad, quizá le suba un punto el índice Klout, sobre todo gracias a la cantidad de comentarios negativos en su Facebook. El candidato que quiera criticarlo, será visto como un perdedor, que trata de convencer de que ese índice no sirve, con toda la razón, pero la forma ocultará el fondo.

Entonces, ¿hacemos caso a Klout o no? Depende. Si forma parte de la estrategia de posicionamientoKlout puede ser un instrumento útil. Pero debe haber una estrategia de posicionamiento, lo que hemos llamado seopolítica. Los clientes, votantes, usuarios o cualesquiera terceros serán quienes decidirán si somos o no influyentes, y si nuestros contenidos consiguen persuadir o no. Un titular afirmando que la el partido B es el perfil más influyente de España en política, puede ayudar. Un titular que afirme que, pese a ser el perfil más influyente de España, el partido B ha perdido las elecciones, puede ser fatal, especialmente si se mediatiza.


One thought on “Rankings, influencia y política online

  1. […] unos días, escribí en el blog de SPQ Consultores un post sobre Rankings, influencia y política... eligallardo.es/medir-la-influencia-o-el-dia-que-cerre-mi-klout

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